Nunca es tarde para construir un vínculo

La manera de criar a tus hijos no es una línea recta. Es un camino que se tuerce y se retuerce, se bifurca y entrecruza con otros cientos de senderos. Algunos de ellos mantienen la hierba fresca: han sido transitados por muy pocos; otros, no son más que tierra compactada, sobre la que no puede crecer nada vivo. Cada cual elige su camino según el terreno o el paisaje que más le convence. Hay quien toma atajos, quien aparta las piedras del camino en lugar de esquivarlas o quien no para de tropezarse con ellas y no hace nada para cambiar su destino. Algunas personas disfrutan subiendo cuestas, ya que saben que las vistas desde arriba merecen la pena, mientras que otras optarán siempre por el camino más fácil... al menos a primera vista.





Cuando nosotras llegamos a este mundo, incluso antes de nacer, ya estamos situadas en uno de esos caminos, condicionadas aunque no determinadas por la manera de educar de nuestros padres (que a su vez estuvo condicionada por la educación que ellos recibieron, y así sucesivamente). Me gusta pensar que tenemos la oportunidad en cualquier momento de orillarnos y sentarnos a reflexionar sobre qué camino estamos siguiendo, a qué lugar queremos llegar y de qué manera. Así, en la próxima bifurcación, podremos tomar una decisión consciente y libre.


Tal vez eres de las que aprovechó el embarazo para empaparse de teoría. O tal vez de las que prefirió dejarse llevar por su instinto. Quizá comenzaste tu andadura siguiendo un estilo de crianza que fue variando por las razones que fueran. O quizá decidiste cambiar de rumbo en tu segunda maternidad, después de haber hecho las cosas de una manera con tu primer bebé de la que a día de hoy no te sientes orgullosa. Sea como sea, tengo una noticia preciosa para ti: y es que siempre estamos a tiempo de construir un vínculo sano con nuestros hijos.


Hace un tiempo llegué a obsesionarme con la idea del "apego seguro", de ser capaz de inspirar en mis hijos seguridad, autoestima, confianza, un puerto desde el cual se atrevieran a explorar el mundo. Y esa misma obsesión obstaculizó el proceso: al no dejarme fluir, acabé cayendo en hábitos de sobreprotección, que repercutieron en la conducta de mis hijos. No fue hasta que pude hablar con Cristina Antoñanzas (TransFormándoNos) que logramos escapar del círculo vicioso.


Es posible la reinvención, la transformación, la evolución, como quieras llamarlo. Muchas de nosotras hemos vivido un inicio traumático en nuestra aventura como madres, que pudo interferir en la relación que tenemos hoy con nuestros hijos. Pero lo que ocurrió no te define como madre. Rompe el vallado si es necesario, pero no dejes escapar la oportunidad de transitar el camino de la maternidad que más te llene, qué más feliz te haga y que más orgullosa te haga sentir.


Compartiendo tu transformación estás ayudando a otras mujeres, así que estaré encantada de leerte en comentarios.

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