¿Qué desean las mujeres?


Afirmó el eminente doctor Freud que después de 30 años ejerciendo su profesión, todavía no sabía qué es lo que desean las mujeres. No entraré aquí a criticar que el padre de la psicología moderna hubiera dejado fuera de su foco a la mitad de la humanidad. Lo que me sorprende es que tan aficionado como era a la mitología y los cuentos, fuente de inspiración para identificar y nombrar varios síndromes, no conociera la historia de lady Ragnell.

El folclore bretón nos ha legado una joya del feminismo dentro del ciclo del rey Arturo, que se remonta por lo menos al siglo XIV. Dice la leyenda que un día el rey Arturo se hallaba en una cacería. Acechando a un ciervo, cayó en la trampa de un poderoso brujo llamado sir Gromer Somer Joure. El brujo retó al rey a encontrar la respuesta correcta a una pregunta. Si al cabo de un año no volvía con la solución, el brujo acabaría con la vida del rey. La pregunta, que habría dejado la vida del doctor Freud pendiendo de un hilo, era:


- ¿Qué es lo que en realidad desean todas las mujeres?


Arturo pidió ayuda a su sobrino, sir Gawain, y ambos recorrieron el reino preguntando a todas las mujeres con las que se topaban qué es lo que deseaban por encima de todas las cosas. Las respuestas fueron dispares (escribir historias, poder ir a la guerra, ser guapa y joven toda la vida, tener hijos sanos, casarse con un buen hombre...). Pero ni el rey ni su sobrino llegaban a una conclusión y comenzaban a angustiarse según se acercaba el vencimiento del plazo que les había dado el brujo.


Temiéndose ya lo peor, el rey Arturo se adentró de nuevo en el bosque, donde topó con una mujer con el rostro y el cuerpo deformes, pero poseedora de una voz dulce y cargada de tristeza. Se llamaba lady Ragnell y también se dedicaba a la brujería. Ella le dijo al rey que podía darle la solución a la pregunta que le había formulado sir Gromer, pero a condición de que sir Gawain la tomara por esposa. Arturo lo consultó con su sobrino, que habría dado la vida por su tío, y aceptó la propuesta. La respuesta fue:


- Lo que todas las mujeres desean es tener libertad para poder elegir.





Sir Gromer dio por buena la respuesta y el rey salvó la vida por esta vez, pero el cuento no acaba aquí. El brujo reveló al rey que lady Ragnell era su hermana y Arturo trató de impedir la boda, pero su sobrino había hecho un compromiso firme. A pesar del aspecto de la doncella la tomó como esposa y albergó la esperanza de llegar a amarla con el tiempo. En el lecho de boda la besó y una lágrima descendió por el rostro deforme de la bruja. En ese momento mostró su verdadero aspecto: el maleficio que su hermano había lanzado contra ella se había roto al contraer matrimonio. Lady Ragnell todavía tenía una cuestión que plantear a su sorprendido esposo:


- Ahora puedes elegir durante qué periodo del día se manifiesta mi verdadero aspecto: durante el día, y así toda la corte podrá ver la hermosa mujer con quien te has casado; o por la noche, cuando estemos tú y yo solos en la alcoba.


El joven caballero tomó las manos de lady Ragnell entre las suyas y respondió:


- Lo que es justo, mi señora, es que esa decisión solo te corresponda a ti: que seas tú la dueña de tu destino y que seas tú quien decida qué aspecto mostrar y cuándo.


En ese instante lady Ragnell rompió a llorar de emoción: la decisión de sir Gawain había terminado de romper el maleficio y recuperaba para siempre su aspecto original. Dicen que fue un matrimonio feliz hasta el fin de sus días, puesto que habían construido una relación basada en la libertad.


Es una pena que Freud no conociera esta historia, que está recogida en el recopilatorio Los cuentos que nunca nos contaron, de Myriam Sayalero y Dani Torrent (ilustrado de una manera preciosa, por cierto).


Así que... querido patriarcado, no te compro el empoderamiento, no lo quiero para mí ni de rebajas ni de regalo. Yo quiero ser libre para poder decidir. Sé que mi marketing se vería beneficiado si usara un término que está tan de moda como prostituido. Sin embargo, no comparto la idea de "poder" que está en el corazón de la palabra. El poder sugiere una organización vertical, en la que una persona impone su influencia sobre otra, y lleva implícita una connotación de violencia. En cambio, el amor es revolucionario porque es horizontal. No hay lucha de poder cuando existe la sororidad. Nadie tiene el poder en el comadreo de la tribu. Cuando una mujer es respetada no necesita ser poderosa. No tenemos ninguna necesidad de imponernos por encima o por delante de nadie, ya que este movimiento es una continuidad de lo que ya hay establecido, solo que cambia a los protagonistas por las protagonistas, como en una revancha.


Yo no quiero estar empoderada, yo quiero ser libre. Como lady Ragnell, lo único que quiero es poder elegir. Tener libertad para maternar como quiera y no solo como pueda. Para ser la mujer que me dé la gana ser. Libre de culpas, libre de etiquetas, liberada de la presión por hacer lo que se espera de mí. Libre para ser yo. Y pondré todo mi corazón en este glorioso propósito vital para mostrar el camino hacia la libertad a todas las mujeres que entran en mi vida.


Y tú, ¿qué habrías respondido a la pregunta de sir Grocer?

Te LEO siempre.

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